sábado, 21 de mayo de 2016

Instante

No terminó el amor, terminó el instante. Y con la llaga llegó la sabia soledad arrastrando las horas futuras, como diciendo "Aquí en mi patio pueden jugar tus miedos, nadie te va a ver; anda, sé libre".
En el espacio que hay entre segundo y segundo se muere la vida y nace una nueva, y un vaso de cristal mientras cae al suelo piensa a cuántas generaciones sirvió la grieta.

Es cierto, con la distancia el instante se hace eterno y la utopía se acomoda ficciones en el que cruza
(es verda), en la distancia la eternidad es un instante.
el puente.  Dura más un cerillo encendido que un _________ incendiando un recuerdo.
Un incendio soplando un recuerdo 
que un recuerdo incendiando el futuro
que un infierno encendido en tus palabras.

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En la cocina hay una fiesta con la música a todo volumen: todos trajeron un YO. 

viernes, 22 de abril de 2016

El sueño sin puntos y comas

...quiero ser ser parte de alguna película de ciencia ficción y trasladarme con la mente a donde estás durmiendo para besarte la espalda antes que despiertes y agarrarte las nalgas y acurrucarme contigo que nuestra gata no nos deje dormir y pedirte que no te levantes aún para que escuchemos la lluvia y de repente el vacío del mundo que nos rompe se cosiera por segundos y nos deje ser felices para pasar diez minutos más en cama para acomodarte el cabello detrás de la oreja contarte cosas y te levantes a pisar el suelo frío alimentar al gato y escuchar como mueles el café y que regreses corriendo a la cama y pongas tus pies fríos junto a los míos y olerte por detrás de la nuca y tomarte entre mis miedos y mis brazos abrocharte mi corazón a tu omóplato izquierdo y quedarnos así unos minutos más y ver la prisa que tienes por irte a fumar y empezar a saber el día para meterte a bañar y hablar de tus jefes de las mismas estupideces una y otra vez y yo escucharte y decirte que todo estará bien y reírme de tus chistes y de tus bailes y ver qué humor andarás cargando por el mundo este día para acomodarme en la cama y ver como te untas crema y cosita y media para desaparecerte el olor a cigarrillo y besarte la punta de la nariz y tomar un baño y estar escuchando tu teléfono timbrar y saber que es tu jefe o tu madre preguntarte qué quieres desayunar y escucharte decir que no tienes hambre y verte forjar un porro y decir que mejor sí quieres un huevito y ponerle jamón y emoción y vida al plato porque el amor está parado en la cocina y verte reír y enamorarme más de tus pecas y preguntar por esos zapatos nuevos y verte bailar mientras el gato te mira con un amor eterno como con el que yo te miro y sentir que no falta nada aunque allá fuera falte todo y hablar de la vida y de los pendejos del mundo y de los maestros y de los pobres y de los inteligentes y los arquitectos y de los amigos y de nosotras y de los imbéciles y otra vez de nosotras y comernos el cuerpo y abrazarnos afuera de la habitación y volver a meternos a la cama y desear que no se termine ese momento y empezar a observar la luz entre las persianas y verte lamer tus obsesiones y las mías como se mecen el hambre de tu cerebro al futuro y escucharte respirar y suspirar y estornudar y gemir y gemir y gemir geeemiiiiir y descansar y sollozar y pedirme perdón y yo perdonarte porque te amo tanto y volver a la vida y volver al amor y volver a descoserse las heridas y verte correr a abrazarme mientras las lágrimas me comprimen las pestañas y en tu desnudez sentirme más vulnerable porque te conozco en todos tus lunares y todos tus soles y después ver que ya es de medio día y salir a la calle e ir al mercado y cargarte las bolsas y comprarnos la fruta y el jugo y el agua de alfalfa y llorar en la frutería porque el recuerdo es cabrón y desear que el reloj no nos hubiera alcanzado, ni los miedos, ni los vicios, ni las tijeras del mundo, regresar a casa y no encontrar las llaves del silencio ni de la calma y descomponerme cuando te veo moverte el cabello de la nuca a la cara y desear con todas mis fuerzas un destino distinto donde sí te quedaras y aventar las bolsas del mercado y quebrar el llanto y ahogar los deseos y los empates y escucharte decir que no querías que pasara esto y calmarte y abrazarte sobre tus hombros y pedirte perdón y escucharte perdonarme porque la culpabilidad nos quema por dentro y perdonarnos los errores y las fallas y el desapego y las lunas y los lunes y los martes y las muertes y la lluvia y los desiertos, y volvernos a llamar amor porque no nos conocemos con otro nombre y jurarnos un regreso y guardarnos la mentira y acariciarnos las heridas con una película en Netflix y poner a calentar agua para un té porque el café en la tarde no deja dormir las madrugadas y comer en la cama frente al televisor y preparar el monchis y emocionarnos por los diálogos de esa película buenísima pero que qué cansada es la trama y hablar de tu amiga cineasta de mis padres de tus hermanas de tu chamba y de mis sueños de tu esperanza y mis faltas, volver a llorar porque nos cortamos en pedazos el alma e invitarte a caminar para respirar porque el humo se te ha hecho en la garganta un puente y que digas que no quieres pero que bueno está bien y salir a caminar y preguntarte sobre el universo y me cuentes sobre alguna receta que aprendiste viendo en tv y yo decirte que ese chef me gusta que el semáforo está en verde que no te cruces porque hay muchos locos que esperes un poco más que qué feo perro y tú digas que hay animales que se parecen a sus dueños que no sabes quién de los dos está más feo si el dueño o el animal y casi siempre coincidir en que es el dueño y hablar de los parques y de las plantas y preguntarte cuántas vueltas le damos a la plaza y corregir la palabra por parque y contarte de mis mascotas de la infancia y que me cuentes de los cuadernos bajo tu cama y regresar a la casa y pasar a comprar cerveza porque es viernes y preguntar por el libro que estás leyendo y contarte de la nueva banda que descubrí en Spotify y abrir el depa y encontrar al gato pidiendo paté de animales del mar y poner un documental de cómo se formó la vida y cómo se enamoró a la muerte, y cerrar las ventas porque llueve y hace frío, y caminar por tu cuerpo exprimiendo las espinillas porque cómo duelen y dejarte rojo el hombro y desnuda la infancia y ver tus ojotes llenos de agua y besarte y preguntarte cuándo quieres casarte conmigo y verte dudar y decir que en unos años y yo pensar que en unas vidas y abrazarnos como si fuera el fin del mundo y solo tu olor quiero llevarme y preguntar cuántos planetas habremos conocido y prender una vela porque se fue la luz y mira cuántos truenos y mira el gato abajo de las cobijas otra vez y mordernos los deseos y llorar y llorar y llorar y llorar y llorar otra vez porque no supe en qué terminó la explicación del día porque otra vez desperté y no estaban tus piernas sobre mis piernas porque otra vez soñé y solo soñé que aquí seguías...

jueves, 29 de octubre de 2015

Ni un día más



Yo no quiero tu amor eterno,
ni los pájaros azules estacionados sobre la ropa húmeda tendida,
no quiero los domingos con arte, ni los martes con pendientes, 
ni las estrellas rotas que escapan por tu pelo de los jueves. 

Yo no quiero flores de ruido asesinadas en la esquina, 
ni retazos de recuerdos enmarcados para regalo de cumpleaños,
no quiero tus huellas en mis libros,
ni el humo de tus historias derramado en el sillón. 

Yo no quiero que cantes poemas de primavera, 
ni que saques mariposas de mi pecho en los inviernos,
no quiero que derrames el vino sobre mi ropa, 
ni quiero promesas olvidadas en el beso del verano anterior.

Yo no quiero que me calientes la sopa cuando llegue tarde, 
ni quiero junios y diciembres doblados en el librero, 
yo no quiero que me compartas de tus hierbas medicinales,
ni que le pongas una esferita a mis deseos perdidos y les untes miel.

Yo no quiero tu café importado, 
ni tus frutas y verduras,
yo no quiero sandalias cuando el agua abandone el cielo,
ni quiero tu tinta, ni tu papel, ni tu edificio, ni tu luna, ni tus soles,
yo no quiero tu todo, ni tu falta, ni tu sobra. 

Yo no quiero que me beses como nunca, 
ni que me ames más que siempre, 
yo no quiero que me cuentes del pasado, 
ni que me convenzas de un futuro. 

Yo no quiero ni tu casa, ni tu taza, ni tu perfume, ni tu colcha,
ni quiero tu dinero, ni tu almohada, ni tu sombra, 
yo no quiero tus discos, ni tu música, ni tu rola favorita,
yo no quiero tu rencor, ni tu saliva callada, 
ni tu árbol, ni tu tumba.
Ni tu vida, ni tu muerte. 

Yo no quiero tu emoción cuando se hiere el día
ni quiero lluvia en un vaso de cristal cortado, 
no quiero tu lengua con fuego a las tres de la mañana, 
ni quiero tu ternura en los huecos de mis huesos. 

Yo solo quiero que te quedes hasta que te hierva irte, ni un día más.

Porque yo no quiero
             
                                                   ni tu vida

                                                                                           ni tu muerte
     
                                                     ni tu árbol


                                                                                            ni tu tumba.


Yo solo quiero que te quedes

hasta que te hierva

irte

irte

   irte...



                                                                                               
                                                  ...ni un día más. 


lunes, 3 de agosto de 2015

Quieros de madrugada

Quiero ir a casa de mis padres y que me reciban con jarros de ponche de frutas calientes y miel. Quiero dejar tiradas las botas en el piso, descalzarme y no cuidarme la garganta, dormir en la cama donde murió mi abuela y pensar en el último minuto que fue feliz, arrancarme la ropa mojada de llanto y acurrucarme los recuerdos del miedo a los fantasmas. Quiero acordarme bien a qué olía la infancia de los sueños.

jueves, 9 de julio de 2015

Me gusta llorar en el súper

Con las manos sobre el carrito metálico y despintado
con mi risa de estrella coja sobre el cristal de los vinos caros
en medio de las ofertas del miércoles por la noche
con los suspiros atorados en las pestañas del dependiente
con los ojos enrojecidos de terror

Con un pan rancio en la bolsa y la esquizofrenia a un lado
con la cabeza fría de las cervezas calientes
entre la batalla de las aceitunas orientales y los aguacates mexicanos
entre el esnobismo del sábado y domingo 
en el Superama de la Condesa
entre la reserva y el testaferro 

Bajo el bisturí de las lámparas blancas colgando del techo 
sobre los pescados tristes añorando el mar muerto 
con las caricias de fuera y la resaca a cuestas
a un lado del cilantro gris y el sushi insípido de caja
entre hombres con celulares más inteligentes que ellos
entre mujeres con listas interminables de cosas "necesarias"
entre la bolsa café y los converse enlodados de rosas 

Justo donde muere la necesidad y crece lo vano
donde cambié un jabón por lechuguillas importadas
ahí pisando la temperatura de los sueños 
ahí desobedeciendo al destino ermitaño
entre las medicinas de moda y el pollo frito de siempre 

Me gusta llorar en el súper para ver qué desgracia me inventan 



lunes, 20 de octubre de 2014

El regalo


No sabes quién te invitó a la fiesta, sin embargo vas y te prometes pasarla bien.  Escoges la ropa     precisa, el perfume adecuado, el peinado de moda, los zapatos elegantes y te vas.  


Llegas al lugar preciso y adviertes que la fiesta es para ti.  Al entrar un montón de gente desconocida te recibe con una caja enorme con un moño de colores extraños.  No sabes porqué te la han dado pero te alegra saber que alguien se tomó el tiempo de hacerte un regalo.  Buscas un lugar para sentarte a abrir de forma plácida esa caja enorme y hermosa; te aterra y divierte la incertidumbre de saber su contenido. Te sientas en el piso pero rápido recuerdas cuánto tardaste en arreglar tu ropa y no quieres arruinarla con una arruga o alguna mancha pescada por ahí.  Buscas más y más el lugar perfecto para abrir la caja.  Se atraviesan personas por donde pasas y van aplastando poco a poco el listón de ese lindo moño que envuelve parte del cuerpo de la caja. Piensas que no importa porque mientras mantengas el contenido a salvo lo de afuera no tiene relevancia.  Sigues buscando el lugar ideal para descubrir el contenido.  La olvidas por un momento porque tienes que saludar a los invitados que casi no conoces pero te sonríen y no debes ser descortés.  

Bebes unas cervezas y ves de reojo tu preciado regalo; lo cuidas desde lejos.  Te emborrachas y bailas con la primera, segunda, tercera, cuarta persona que te lo pide.  Bailas y pierdes de vista tu objeto misterioso.  Olvidas el nombre de las personas con las que bailaste, olvidas qué bebiste, olvidas la hora.  Es hora de irte.  Buscas la caja pero ya no está donde según tú la pusiste.  Tal vez pueda venir por ella mañana, piensas mientras te acomodas la ropa y el cansancio nocturno.  Eres un desastre alcohólico caminando por una calle que no reconoce, te pierdes por ratos y por fin llegas a casa.  Recuerdas por un corto lapso tu regalo misterioso y te preguntas qué tendrá en su interior.  Regresas al lugar de la fiesta porque te carcome la incertidumbre y ya no hay cigarrillos que fumar.  Llegas al lugar y los últimos invitados están por irse, les preguntas por tu caja de gran moño.  Nadie sabe de qué hablas y empiezas a preocuparte porque no supiste cómo cuidar ese regalo que no sabes quién te dio ni porqué.  Te mueres de curiosidad.  A lo lejos suena esta canción y te inundas por dentro. 
En un rincón ves la caja en el piso, un poco apachurrada, un poco triste, un poco nada.  La tomas en tus manos y te enojas pues está muy maltratada como si alguien se hubiese puesto a sacudir sus zapatos sucios sobre ella. Sabes que es tu culpa pero necesitas invitar a alguien más a sentirse mal contigo.  Por fin puedes levantar y la cargas sobre tus hombros, cómo pesa, cómo duele la espalda, cómo no pedí ayuda para cargarla, cómo no pedí un taxi, cómo no traje coche para llevármela.  La cargas con mucho trabajo pero ya casi al amanecer llegas a casa y te dispones a abrirla.  Sacas tijeras, navaja, nunca sabes qué puede haber adentro.  Deshaces el moño con una brusquedad de horas y horas de espera, rompes el listón, lo avientas a la basura, desgarras el cartón de la caja y ves un montón de papeles y globos en el interior.  De seguro el regalo está al fondo como esos que dan en las bodas cuando quieren hacer misterio y resulta un gran regalo.  Sacas rápidamente los globos; amarillos, naranjas, azules, blancos, verdes.  Nada.  Sacas el papel periódico hecho bola en el fondo, lo botas a un lado y sigues buscando.  Volteas la caja sobre tu cabeza y te das cuenta que dentro de ella no hay absolutamente nada. ¡¿Qué?! ¿¡A caso esto es una broma?!  No hay absolutamente nada. Piensas en que no disfrutaste tanto la fiesta por estar con el pendiente del regalo y para nada.  Piensas que te regresaste por ella cuando pudiste descansar y dormir para nada.  Piensas que tal vez pudiste haber bailado más, que pudiste haber bebido más, que pudiste no aceptar la caja, que pudiste no haber tenido esa preocupación, que pudiste, que pudiste que pudiste pero no, para nada. 

Así con la vida.  El Universo te da una caja con un moño hermoso y piensas que adentro de esa caja está la recompensa.  Somos entonces tan infinitos que nos terminamos de comenzar en el principio del final para darnos cuenta que todo lo que nos platicaron, que todo lo que nos metieron en la cabeza, que todo lo que hicimos, que todo lo que caminamos es para al terminar la cuenta no haya NADA.  Porque somos tan divisibles que no nos damos cuenta que la vida está en el listón, en el cartón, en cada milímetro de cinta que cerraba sus pestañas, en el color de cada globo, en cada doblez del papel arrugado.  No es cuántas cajas y listones puedes comprar, es cuánto eres para saber ver lo que hay dentro.  ¡Ese es el regalo! La experiencia, el viaje, la forma, la manera de llegar, el respiro en cada emoción por la incertidumbre, el susurro para adentro, el camino, el cuidado de la caja, la magia de lo desconocido, la marea de emociones sobre los oídos, las canciones viejas, los nuevos amigos, los amores eternos, la nada. 

¡Ese es el regalo! 

miércoles, 8 de octubre de 2014

A mis hermanos normalistas


Egresé de una Escuela Normal del estado de Coahuila, ahí encontré el amor a mi país, el amor a la enseñanza, el respeto a la civilidad y hacia la vida. A mis hermanos normalistas y a mí nos enseñaron a defendernos con la verdad, nos enseñaron a hacernos valer con el aprendizaje, nos enseñaron a caminar con justicia; nos enseñaron a convivir con el arte, la cultura, la comunicación, el amor. Nos enseñaron a aprender y nos enseñaron a enseñar.  
Nos enseñaron a ser justos con nuestros padres, nuestros amigos, nuestras parejas, nuestros alumnos y sobre todo con nosotros mismos. Nos enseñaron a querer y a disfrutar un presente para saber llegar firmes al futuro.  Nos enseñaron a ser hombres y mujeres de orgullo.  Nos enseñaron a no quedarnos callados.

Lamentablemente el futuro y el presente de 43 hermanos normalistas del estado de Guerrero están en "juego", por la crueldad política que alberga en este país México.  43 estudiantes desaparecieron mientras "presuntos policías" y "presunto integrantes del crimen organizado" abrieron fuego contra ellos sin razón alguna para después llevárselos a un lugar aún desconocido para nosotros pero que dudo desconocido para nuestros dirigentes políticos. 

Estamos hartos del "presunto": del "presunto policía","presunto delincuente", "presunto agitador", "presunto narco", "presunto culpable", "presunto hombre", "presunto niño", "presunto inocente", "presunto normalista". Estamos hartos de la falta de veracidad en la información de lo que sucede en nuestro país.  ¡Basta de lapidar la verdad con la conveniencia de algunos! ¿Acaso no nos damos cuenta de lo que estamos viviendo? ¿A caso nuestros pseudo gobernantes no se han dado cuenta de cómo están dañando y mancillando a la madre tricolor que le juraron fidelidad, respeto y grandeza? 

Estamos ¡HARTOS! de lágrimas de padres y madres de familias, de esposas y esposos que se quedan solos, de padres que se quedan sin hijos e hijos que se quedan sin padres. Estamos ¡HARTOS! de esperar justicia, de esperar quien nos escuche, de esperar quien nos atienda, de que nuestros dirigentes esperen a que se nos olviden los hechos. ¡Estamos HARTOS porque no olvidamos ni vamos a olvidar! 

Queremos que esos 43 normalistas con nombre y apellido sigan aprendiendo, llenando las aulas de sus risas y dudas, que sigan llegando a casa a comer sopa caliente, que sigan conviviendo con el arte, la comunicación, la cultura y el amor.  Queremos que ellos sigan queriendo correr en un juego de fútbol y no para escapar de las balas en una noche de absoluta crueldad.  Queremos que ellos sigan queriendo, deseando, amando, jugando, aprendiendo, dibujando, cantando, escribiendo, componiendo, trabajando, bromeando. Queremos que ellos tengan justicia.  Que ellos tengan lo que a muchos otros les ha negado el gobierno.  Queremos que sean parte de la historia buena de México, no de aquella que se queda archivada bajo el candado del incumplimiento de las leyes.  Queremos respuestas y las queremos con verdad.  

Abramos nuestras bocas, abramos nuestros corazones, abramos sobre todo nuestra conciencia, abramos los ojos y hagamos de nuestro México triste un país merecedor.  ¡Ya no queremos estar HARTOS! Hermanos de Ayotzinapa, Guerrero, estamos con ustedes.  

Egresé de una Escuela Normal y quiero que 43 hermanos normalistas de Guerrero egresen también. 


jueves, 2 de octubre de 2014

Aquí iba el título de algo

La prisa nace de la incertidumbre cotidiana que nos da vivir, queremos ahuyentar la idea del tiempo con la ocupación de él mismo.  Nos sentimos tan grandes y arrogantes que nos atrevemos a hacer planes futuros, como si no pudiéramos quebrarnos como una gota de lluvia en su viaje del cielo al asfalto.  Leemos a Bradbury, a Vicens, desnudamos a Benedetti y dejamos que Borges nos coja en la absoluta ignorancia del ego partido, escuchamos a Sabina y le lloramos a Sabines, creemos saber de qué habla Pink Floyd y de qué murió Bob Dylan, tratamos de entender a Warhol y nos deshacemos de Carter, nos enamoramos con Cortázar, nos descalzamos con Mastretta, pensamos con Simone W, nos desmembramos con Schopenhauer, nos drogamos con Paz y sus recortes americanos, amueblamos a Huidobro, panfleteamos a Silvio, conjugamos a Drexler, nos tatuamos una clave de sol y cantamos en do menor para sentirnos más melancólicos. Nos creemos intelectuales, nos creemos dioses, nos creemos invencibles, nos creemos únicos, nos creemos los únicos y nos hacemos una herida generacional en el pecho para buscar de dónde venimos, a dónde vamos, para qué estamos aquí. Viajamos en metro, en taxi, en ríos, en cielos, en mares, en tierras, en autobuses, y en todo lo que podamos gobernar para sentirnos un poco más seguros de no estar doblando los pies en la esquina equivocada.  Otra vez nos equivocamos, otra vez lloramos, otra vez nos enamoramos, otra vez nos vale pito y otra vez pensamos que somos cagados por Dios, pero a Dios ya lo matamos.  Resucitamos del miedo para tener más miedo y entonces sentirnos superiores porque alguien nos puso un puño de poder en las uñas. Corremos a terapias, compramos productos milagrosos y vendemos otros. Modelamos tristeza y encadenamos odios: envenenamos oídos, quemamos armonías. Pedimos una oportunidad, pedimos otra oportunidad, perdemos una oportunidad. Cuánto dejamos por ahí regado. Cuando nadie recuerde nuestros nombres, cuando nadie respire en nuestras orejas, cuando nadie llore una despedida y cuando nadie sepa siquiera que en este suelo millones de habitantes arrogantes lo habitaron, volverá a explotar una estrella, el universo colapsará y otra vez naceremos de una herida, crearemos un Dios por miedo a hablar solos, volverán a haber escritores con nuevos nombres, otros músicos con nuevas melodías, otros pintores con nuevos colores que nosotros no conocimos, todo se llamará al revés, y todo por lo que nos morimos esta vez nadie recordará porque las memorias tendrán nuevas dimensiones y entonces este sueño habrá terminado. Entonces, ¿por qué carajos nos preocupamos tanto? ¿Por qué despintamos los soles y envenenamos las lunas? ¿Por qué hacemos religiones? ¿por qué nos inventamos hambres? ¿Por qué no vivimos y dejamos que las cosas nos sorprendan?
Será que somos tan arrogantes que hacemos planes a futuro.  

domingo, 6 de julio de 2014

En este siglo

Catalina se cansa hasta que el nunca y el siempre se besan bajo la luna de los descorazonados.  Mete y saca la esperanza y a veces no tiene dónde ponerla.  Nunca había conocido tantos mundos en unos ojos hasta que el nombre de Catalina se mudo a mis labios.  Qué bendición que Catalina viva en este siglo, en este país, en esta calle, en esta casa.  

domingo, 8 de junio de 2014

Raquel

Hay días en los que no se trabaja, y ella trabaja.  En las mañanas el sol se enciende cuando escucha las pestañas de Raquel abrir el mundo.  La cafetera se afina en un do sostenido y toda la casa huele a café y música a medio terminar.  A lo lejos, cada dedo que cae como lluvia  tibia en el teclado de su computadora personal salva un pedacito de esta inmensa humanidad; me salva a mí.  Raquel ama su trabajo.  Raquel ama los libros.  Raquel ama las películas de arte y los detalles sobremesa.  Raquel ama las carreteras, los hubieras, los futuros en Argentina y los pasados en la Ciudad de México.  Raquel ama los diccionarios cerrados y los hubiera callados.  Raquel ama sus libros.  Raquel ama su brújula interna y las indicaciones ajenas.  Raquel ama los volcanes y los pájaros tristes.  Raquel ama el equilibrio y la imperfección del Universo.  Raquel ama veinticinco horas seguidas.  Raquel se despierta con una idea y se duerme después de cumplirla.  Raquel ama los domingos. N
Una vez Raquel se cortó el cabello y se dejó puestas las ideas.  Retorció su cuerpo en una nube de sábanas naranjas y le puso decisión a los sueños.  Raquel abandonó un corporativo y se mudó a las causas sociales.  Raquel es feliz en su trabajo. Gracias a Raquel y a sus cómplices de diario, el mundo gira -aunque sea un poquito- diferente.  
Raquel ama su trabajo.  Raquel me ama a mí. 

Ojalá todos hiciéramos lo que amamos.  Ojalá todos trabajaramos por los demás. 

Ojalá hubiera más Raqueles y menos ojalás.  

martes, 11 de marzo de 2014

Viaje

Leemos páginas en blancas para leer lo que queramos.  Otras veces para borrar sobre lo inexistente del alma. 

lunes, 24 de febrero de 2014

Blanca

Tengo miedo de salir a buscarte y encontrarte.  A veces te pienso y me imagino qué será de mí cuando esté contigo.  Porque en toda mi inseguridad, solo te tengo a ti segura.  No sé a qué sabrán los tamarindos agridulces si te comparto alguno, tampoco sé cómo se sienten tus manos sin guantes; ni siquiera sé si los usas, solamente sé que tarde o temprano -si es que tengo algo de participación en el tiempo- terminaré contigo.  Siempre te pienso, pero nunca te cumplo.  Eres una hipócrita; todo lo que haces es secreto y determinante, no dejas que se dude.  Eres la peor de todas las amantes, la que se deja desabrochado el pecho para pintarle girasoles que nunca dan vuelta con el sol.  Aún con todo lo anterior, sabes a hierba segundera; hierba mala, hierba masticada, hierba ilícita, hierba hierba, hierbalaria, hierbívida, hierbítica, hierba soledad, hierba blanca. 

martes, 10 de diciembre de 2013

Quise

Quise cometer muchos pecados, pero no encontré en mi agenda tu número telefónico.  
Quise romper en llanto por tu ausencia pero, ya son muchas las inundaciones que afectan a mi país. 
Quise decirte que te extraño y que no hace falta que pienses en mí, y para esto, no encontré un pero. 
Quise callar a Buika mientras la escucho cantar "No habrá nadie en el mundo" pero, no; no habrá nadie en el mundo. 
Quise secarme los gritos silenciosos a mi guitarra, sin embargo, solo conseguí una cuerda reventada sobre mi cara. 
Quise darte todas las flores del mundo, y recordé que los floreros más tristes son los que guardan recuerdos. 
Quise amontonar todas las olas del mar en tu cabello pero, no sé respirar bajo del agua. 
Quise quemar tus cartas y echarlas a volar al viento del olvido.  No lo hice.
Quise hacer ruinas todos los castillos, pero me enamoré de las heridas. 
Quise recortar pájaros del cielo y amarrarlos a mis tenis viejos para volar lejos pero, no supe con qué aguja destruir el nido. 
Quise correr cuando mis pies ya estaban descansando, y, entonces, me volví a borrar la sangre de las rodillas.
Quise unirme al grito de mi país; a su dolor de niño, a su dolor de madre olvidada, a su dolor de padre abandonado, a su dolor de viejo perdido.  Me faltó valor. 
Quise platicar con la niña del espejo; con la de las ojeras grandes; la de los ojos chicos; la del pasado.  No logré que se quedara a jugar conmigo esa niña, ahora le parezco aburrida y preocupada.  Ahora le parezco una persona adulta, y eso me hizo querer más que nunca no olvidar. 

Quise.
          Quise.
                    Quise.
                             Quise.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Ángeles

Hace algunos años -porque ya puedo darme el lujo de decir "hace algunos años"- conocí a una mujer de estatura pequeña y sueños altos.  Empezamos estudiando una carrera que ninguna de las dos ejerció a manera profesional, pero sé que a manera de espiritual, las dos la llevamos a cabo; ella se dedicó a la docencia con niños y yo me dediqué a la música, a fin de cuentas nos dedicamos a lo mismo.  

Hoy me acordé de ella por el aire de las siete de la mañana, hace poco me dijo que sentía el corazón desolado y lo sentí también.  

No sé por qué tendrás el corazón desolado, pero apoya abrazo en mi abrazo y sigamos.  Aún tengo cada carta tuya, cada palabra; muchas de ellas se me olvidaron con el tiempo, y otras tantas, las tengo muy presentes como si las hubieras mandado hace unos minutos.  Sentémonos entonces a descansar en el pasto a ver bailar las nubes tratando de tapar al sol.  No hay dolor que no se cure mirando al cielo.  No hay dolor que no se sane con agua de arriba, o con agua que viene de adentro. 
No hay dolor que no se calme con la mirada de un buen amigo.  Ten entonces mis palabras para que aunque sea un poquito, te acompañe el corazón.  Después de todo, solo somos dos locas que tratan de comprender y arreglar el mundo... 

Ya está completo de nuevo mi corazón.  ¿Y el tuyo? 


jueves, 7 de noviembre de 2013

Respiras

Respiras y el universo respira junto contigo; levantas planetas en el borde de tus pestañas.  Otra vez me despierto a las tres de la mañana para poner mis ojos en el techo donde las estrellas juegan a ser amantes secretas de algún planeta melancólico con dolor de cabeza.  Me ha quedado claro que en ocasiones, las alteraciones físicas de la Tierra duermen bajo tus codos y, entonces, quisiera toparme con todos los mares del camino para encontrarme contigo.  Tengo dos montones de maletas llenas de recuerdos, pero de esos que nunca se van para que nunca tengas que regresar, por todo eso, me pinto un te quiero en el borde de mis uñas, porque te quiero, así, simple; eterno.


martes, 15 de octubre de 2013

Héctor

Los encuentros que el universo nos empuja a dar, nos hacen desprender partículas de nosotros cuando entramos en contacto con la atmósfera: el cabello, los ojos, el alma, las uñas, etcétera.  Todas las cosas que se desprenden de nosotros, se riegan en diferentes partes de la tierra, del tiempo y la casualidad.  Es ahí  cuando el amor y lo inexplicable le explican a la ciencia cómo suceden las cosas; las que te hacen doblar las rodillas y creer en otras vidas.

Yo supe de las otras vidas y su escepticismo cuando te encontré.
No sé porqué tardaste tanto, porque seguramente las arrugas de mis recuerdos ya se iban a romper.  No sé porqué llegaste en esta duración de tiempo, pero sé que venimos porque era insoportable el lugar en donde nos despedimos la última vez.  Las heridas esta vez las traíamos en los ojos, porque no vernos en cuanto vimos luz es de ciegos.  Recuerdo que la vez antepasada, o creo que era la pasada, las heridas la traíamos en la garganta, porque no pudimos decirnos adiós; pero nos teníamos en las palmas. Una medianoche llegué y te besé de puntitas mientras tú dormías.  Te prometí estar contigo siempre, te prometí volvernos a ver.  

Por eso, cuando te vi en aquella con nombre de ciudad alemana, no dudé en tocar tu hombre y decirte: "Te traje de nuestra otra vida una carta que ya no alcanzaste a leer por el disparo que ese día te dieron".

La carta dice así:

Héktór mi amor:
Hoy es un día maravillo porque se cumplen ya muchos años juntos: han sido los mejores de mi vida, me enamoré como los recuerdos de su patria.  Héktór, te amo, no sabes qué feliz me hace verte todos los días levantarte de la cama como si la guerra aún no hubiera terminado, con los ojos rojos y el cabello blanco de casas cayendo para volver a hacernos de la reforma protestante.  El día que fuimos ver cantar a Crazy Blue fue cuando nos dimos nuestro segundo primer beso.  Cómo bailamos esa noche.  Cuando pasó lo de la US me aterré de pensar que volvería a perderte para que fueras a luchar una batalla extranjera.  Héktór cómo te amo. Luego cuando fue la muerte de Lósif, te encerraste en el cuarto y escribiste noticias a muchas partes del país para decir lo que tú pensabas.  A mí me dejaste de lado un rato porque la política y la literatura se te montaron a los hombros.  Pero se te pasaron las ganas del "Viva" y preferiste "Vivir" conmigo: no fuiste a la Revolución.  Gracias, Héktór, qué hubiera hecho todos estos años sin ti. Luego cuando salió en los diarios que muchos americanos se estaban tirando de los edificios porque habían quedado en quiebra, tú te quisiste tirar de la cama como si no fuéramos a poner el quiebra los huesos, ¿recuerdas cuando murió Sarajevo? las ventanas se mudaron de casa y nos pusimos más frío el frío.  En fin, Héxtor, tú has sido para mí el detalle más bondadoso de la vida. Héktór mi amor, te amo.  Siempre te amaré, prometo encontrarnos en donde cada quién hayamos dejado nuestras semillas trasláricas. Te encontraré en todos mis tiempos pues el reloj lo inventé yo para no extrañarte tanto. Héktór, nuestra vida ha sido dichosa, siempre feliz, muchas veces ausente y cansada, pero nuestra; siempre nuestra.  Hemos sido dos gotas de sol para regarse en la misma tierra, nos hemos amado como sólo los cómplices saben hacer: traicionándonos y volviéndonos a perdonar.  Nos hemos adorado como solo dos amigos lo pueden hacer.  Héktor, en todas nuestras vidas seremos dichosos. Te amo, Héktór, cuánto te amo. 


Gracias, Héktor, eres mi más eterno mar. 


Nota: 
         A Melina la vecina, trataron de robarla con una pistola el otro día.  Cierra bien la puerta, tienes la costumbre de solo emparejar.  Cierra, Héktór mi amor, si algo te pasa, yo me muero. 

Dejaste de leer la carta y dijiste: "Puedo acostumbrarme a que me llames Héctor".
Después supe que no eras tú.



sábado, 3 de agosto de 2013

Poema

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(Si pudiera parpadear la línea, sería el cursor que se quedó esperando qué escribir.) 

martes, 30 de julio de 2013

El punto en la consonante

Tenía que haber sido dos letras antes pero, yo te tildé en la vocal popular que se hace fonéticamente unión entre los enamorados.
Tú eres así, tan cálida y tan aplastantemente hermosa.  Podría dormir entre tu pecho largas horas; hasta que de dolor de espalda me levante, vaya al baño y regreso pidiendo más de ti.  Y es que hoy me desperté con amor cayendo mis pestañas, mi lengua está igual, mis pies, mis brazos. 
Todo en esta casa tiene tu origen, incluso el desorden ordenado de nuestras manos y despilfarro de ideas. 
Tú tosiendo de lejos y yo escribiendo mis peores textos para pasar la mañana.  Cómo te quiero y cómo te pienso. Sé fuerte, sé mía.  No seas estrella caprichosa y prepotente que se vuelve fugaz por miedo a ser admirada de cerca.  
Sé fuerte, sé punto en consonante, sé mía. 

miércoles, 24 de julio de 2013

Amortiguar

No puedo dormir; es raro porque hace mucho el insomnio me declaró la paz y hoy se puso en guerra mientras la ventana abierta me gritaba la madrugada con sueños tentadores.  No me pareció justo dejar el campo de batalla sin contrincante y aquí estoy.

Amortiguar las caídas cada vez es diferente, porque amortiguar tiene las cuatro letras que más he descubierto contigo, las primeras de su orden y las viceversas del país que quiero caminar contigo.  ¿Sabes por qué me gusta hablar de ti? Porque tienes lo justo que nadie tiene para amanecer pensando en querer besarte en todas las estaciones del año.  Nunca había pasado tanto tiempo y tan firme mi pensamiento acomodando la locura para hacerla más despilfarrada.

Sí, contigo me permito la locura, la desgana, el enojo, la euforia, la paz, la calma.  Contigo me permito amortiguar el viaje solo con sus cuatro primeras letras.