martes, 5 de octubre de 2010

Puede ser

Puedo poner dentro de este vaso un beso, de eso que tanto pienso y deseo,
por eso voy muy lento en esto tan espeso, tan intenso.

Puedo beber de esta taza blanca harta. Tantas bancas que vacías suelen ser mi compañía
en las horas que me avisas que no vienes, y ansías convencerme que de azul me veo mejor.

Puedo correr tan lento que me da tanto aliento el ser viento entre tus ramas que amas tan lejos y tan cerca, como si volviera puerta al terror de ya no verte más, jamás.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Por si coincidimos en la misma cama

Si en algún momento de una u otra forma coincidimos a la misma hora, o en cualquier lugar que podamos usar como amatorio, seguramente pasará lo siguiente:

Como si el tiempo hubiese anunciado su última hora empezaré a maldecir y bendecir al destino en la misma oración salida de mi boca. Mis ojos recorrerán tu cuerpo de punta a punta; despacio resumiré cuántos besos había malgastado y que ahora quiero recuperar en ti.
Inclinaré despacio mi cabeza; quizás el lado conveniente sea el izquierdo, mis labios entreabrirán nota a nota el sonido acelerado que sale disfrazado de suspiro encubridor de los abrojos inusitados, apenas conocidos.

Será la primera vez que querré investigar cada resquicio de un cuerpo, aprenderé de memoria cada lado de tus codos, aprenderé de qué tonalidad café son tus lunares; si es que los tienes, qué tonicidad tienen tus piernas, veré de qué tamaño son tus pechos y me aferraré a ellos como tablas salvavidas para salir con vida de entre tu río.

Mis manos ásperas bailaran despacio por el arco de tus hombros. Mientras compongo notas en tu espalda, recordaré batallas, amedrentaré al futuro por si no te tengo dentro de unos años. Haré en tu cuerpo olas perfectas donde no sería desgracia naufragar, mucho menos anclar un barco.

Ya después de enredarme entre tus piernas descansaré mi cabeza entre tu pecho, seguramente habré vencido.

Por si coincidimos en la misma cama dime, ¿tú qué harías?