martes, 5 de octubre de 2010

Te quiero

Te quiero allá, donde no pueda verte,
donde mis manos no te toquen, donde
el agua de mis ojos no te avise que te quiero.

Te quiero en viernes, cuando de alcohol visto mis entrañas,
ahí donde cuerpos que no conozco son mi ropa.

Te quiero inmuta, con los ojos cerrados, con los labios cerrados.

Te quiero en donde no puedas escuchar qué grito, qué hablo, qué canto.

Te quiero muerta, maldecida, malamada, malgastada.

Te quiero en retirada, en despedida, en fin de año, te quiero en diario.

Te quiero áspera y distinta, con los oídos tapados y las ganas quietas.








—¡Te quiero lejos!—.

Puede ser

Puedo poner dentro de este vaso un beso, de eso que tanto pienso y deseo,
por eso voy muy lento en esto tan espeso, tan intenso.

Puedo beber de esta taza blanca harta. Tantas bancas que vacías suelen ser mi compañía
en las horas que me avisas que no vienes, y ansías convencerme que de azul me veo mejor.

Puedo correr tan lento que me da tanto aliento el ser viento entre tus ramas que amas tan lejos y tan cerca, como si volviera puerta al terror de ya no verte más, jamás.