martes, 25 de septiembre de 2012

Carta a Marianela y sus zapatos


Otoño de hace cinco años; cuéntese de donde se cuente. 
Coyoacán, México

Extra Long Collar de  http://www.modeets.com/
Hace años, Marianela, que vivo respirando tu aire con sabor a vinos, libros, añoranzas viejas y cantos nuevos.  Hace tanto tiempo -cuando joven- que empecé a quererte.  Sí, cuando seguías las malas confianzas y dejabas de lado las buenas aventuras.  No, no es culpa de nadie que las estrellas estén cansadas de adornar el cielo.  Si yo abrigara a diario sueños que no son míos, seguramente, también me cansaría.  

¿Te acuerdas cuando tuvimos tanto amor que no cabía en nuestros cuerpos y entonces decidimos repartirlo en otros sin ser los nuestros? Sí, Marianela, yo también cometí errores con nombre de mujer.  Sin embargo, acá se te sigue diciendo amor; amor amor, amor amante, amor querido, amor destino, amor lejano, amor dejado, amor mío ven pronto, amor no tardes. 

Esta tarde lluviosa podría llenar de palabras a esas manos de mariposa que tienes pegadas a los brazos.  También podría hablarle a tus rodillas de molcajete nuevo y limpio.  Podría mencionar cada uno de los ojos que tienes en tu cuerpo; los verdes de tu cara con sabor a hierba, después los blancos y suaves de tus pies.  No sé cuáles me miran mejor cuando te hablo de amor.  

Pero no; hoy no.  Hoy le escribo a tus zapatos.  Me parece que no me han escuchado últimamente, siempre cuando pido cercanía se esconden bajo tu cama y acaban llevándote lejos de mí.  Marianela, ¿de qué número son tus sueños que cuando los calzas te quedan pequeños? A tu zapato izquierdo le puse "cerca" y a tu zapato derecho le puse "más cerca".  Espero que se pongan a jugar a ver quién gana unas carreras en el tiempo.  No importa quién lo haga, los dos acomodarán tu cabello de mar entre mis almohadas de humo taciturno.  

Marianela, una vez me cuestionaste sobre el mundo de la siguiente manera: ¿Acaso soy pobre porque nunca cambio de zapatos? A lo que te contesté: No, eres pobre porque nunca te cambias las alas.   Sí, yo también terminé extrañándote a las doce de la noche el día de tu cumpleaños.  Viajé contigo a Cuba, París, Buenos Aires, Lima, Monterrey, Saltillo, Yucatán.  Ahora te espero en Roma a la vuelta de una plaza; tus zapatos sabrán llegar sin que tu lengua diga nada dentro de tu boca. 

Marianela, no te vayas tan rápido de mi vida, mira que apenas van más de mil noches las pensadas contigo.  Marianela, te llevo en los collares de mi cuello, colgadita, pegadita al pecho como los santos de mi abuela muerta.  Marianela, yo soy tus zapatos, siempre sabré llegar a ti, siempre sabrás llegar a mí.  Ya no tardes, Marianela, acá eres el collar en mi cuello, el amor, la lejanía, la melancolía, el tiempo, la vida. 

Así entonces, dile a tus zapatos que soy yo quien los mueve cuando tus piernas sienten caerse de la desesperación por no saber dónde resguardarse de la mujer que traen pegada a la cintura.  Dile a tus zapatos que brinquen en los charcos para recordar cómo son las lágrimas de octubre cuando tú no llamas.  Dile a tus zapatos que se mantengan limpios por si se las maletas se deben preparar y emprender un viaje. 
Cuéntale a tus zapatos lo bien que se ven pisando la duela de mi casa. 

Marianela: conjunción exacta de dos que se siguen llamando amor; amor amor, amor amante, amor querido, amor destino, amor lejano, amor dejado, amor mío ven pronto, amor no tardes. 

Posdata:  Marianela, te llevo en los collares de mi cuello, colgadita, pegadita al pecho como los santos de mi abuela muerta.

Con todo su amor: 
Vidanie de Leones

martes, 22 de mayo de 2012

¿Cuándo contestas?

¿Qué le cuentas a Dios cuando le hablas de mí?

Son las dos de la madrugada: voy a resucitarte. 

Amarte no es nada grato, pasar horas de desvelo intentando saber cómo tu alrededor me cansó la dicha, me la multiplicó por tres y se echó al descaro, al escape, es desgastante.  Es verdad, nunca termino de llenarte el recuerdo con besos, ni de desdicha el asombro, ni de tristeza la sorpresa, ni de penumbra los nuevos amores.  Pero, ¿cómo desvelarse con Dios y no contarle de ti?  Amarte es como beber café distinto en la misma taza sin lavar.  Y siempre al pensar en ti me asaltan preguntas de las cuales tú tienes  respuestas y no me has querido dar:

 ¿Hasta dónde llegan las oraciones cuando se hacen con fe y lágrimas? ¿Acaso trascienden solo las sepsis sin curar? ¿Qué hace dios cuando no le cuento de ti? ¿Cuánta carne puede curar un doctor que se durmió en su guardia? ¿De qué color es mayo? ¿A qué sabe septiembre? ¿Si me caigo de rodillas por qué me duele los codos? ¿A cuántos kilómetros está mi corazón del tuyo? ¿Aún sigues oliendo a vainilla? ¿Cómo se entierra a alguien que no sabe que está muerto? ¿Siempre que aquí es de día, es de noche en Paris? ¿Con cuántos vasos de saliva se besa al mar? ¿Con qué colores se hace la noche? ¿A donde van las uñas que se rompen? ¿Duermes menos o más? ¿Por qué Sonora es tan terca? ¿Con qué morado se hacen las ojeras, con el de las uvas maduras o el de las peras podridas? ¿Te sigue doliendo la cintura después de hacer el amor? ¿A qué hora se mete el sol en tus pechos? ¿En dónde viven las hormigas que no se casan? ¿Cuántas tazas de café toma un bebé para mantenerse despierto en el trabajo? ¿El viento es verde o amarillo? ¿Para dónde camina el cangrejo cuando se arrepiente de algo? ¿Cómo son tus nuevas gafas? ¿Te amo o me amas? ¿Nos extrañas? ¿Aló? Come vai? Comment dormez-vous sans moi? ¿Cuántos años tiene el diablo?
¿Cuántas casas tiene marte? ¿Tu mamá se sigue llamando igual cuando engaña a tu padre? ¿El reloj del presidente a qué hora mata? ¿Cuántos son dos por dos si no tengo hermanos con quién compartir? ¿Con qué te mojas cuando no te lluevo? ¿Por qué Yucatán está tan lejos de la ciudad de México? ¿El cielo de los ciegos de qué color es? ¿Cómo se olvida tu cumpleaños? ¿Para qué compramos medicinas si nos vamos a morir? ¿Qué silencio está gritando tan fuerte en la azotea? ¿Por qué los patos no se ensucian en el lodo?
¿Los niños por qué no pueden emborracharse? ¿Eres feliz sin mí? ¿Por qué en lugar de practicar fútbol no hacen el amor? ¿Qué tiene Rusia que mi hermano buscó estar allá? ¿Los gallos reciben al sol o despiden a la luna? ¿Por qué no me buscas? ¿Por qué no compro ropa nueva? ¿A quién le agradezco tus ojos? ¿Por qué la guerra es con balas y no con flores? ¿Sabes contar hasta cien cuando no tienes trabajo? ¿Por qué los aviones son blancos si no comen alpiste? ¿Cómo se califica la tarea si la profesora no encuentra el bolígrafo? ¿Aún vas a comer con los abuelos los domingos? ¿Tienes frío cuando te hablan de mis canas? ¿Qué comiste hoy? ¿Porque lloran las palomas mensajeras? ¿Por qué pica la miel del sol en los ojos? ¿Por qué se murió mi perro y no mi abuelo? ¿Para qué sirven los timbres postales si no mandan besos? ¿Ya están las invitaciones para nuestro funeral? ¿Por qué manejas tan rápido si no vas a verme? ¿Quieres ser mi herida? ¿Cuánto cuesta un pan dulce en El Salvador? ¿Por qué los peces no se ahogan cuando bailan? ¿Para qué tienen alas los humanos si no las usan? ¿Ya me olvidaste? ¿A qué sabe el helado de coco en Alaska? ¿Por qué se comen los gusanos carne triste? ¿Para qué sirve el olvido?

Tanta incongruencia y deseo solo caben en quien de amor muere.  Pero cuando se resucita a los muertos y la avenida vuelve a ser circulada como un panteón con ruedas, vuelve a asustarme el sueño la misma pregunta entre tantas esas que no he podido resolver sin ti:  ¿Qué le cuentas a Dios cuando le hablas de mí?