Hace algunos años -porque ya puedo darme el lujo de decir "hace algunos años"- conocí a una mujer de estatura pequeña y sueños altos. Empezamos estudiando una carrera que ninguna de las dos ejerció a manera profesional, pero sé que a manera de espiritual, las dos la llevamos a cabo; ella se dedicó a la docencia con niños y yo me dediqué a la música, a fin de cuentas nos dedicamos a lo mismo.
Hoy me acordé de ella por el aire de las siete de la mañana, hace poco me dijo que sentía el corazón desolado y lo sentí también.
No sé por qué tendrás el corazón desolado, pero apoya abrazo en mi abrazo y sigamos. Aún tengo cada carta tuya, cada palabra; muchas de ellas se me olvidaron con el tiempo, y otras tantas, las tengo muy presentes como si las hubieras mandado hace unos minutos. Sentémonos entonces a descansar en el pasto a ver bailar las nubes tratando de tapar al sol. No hay dolor que no se cure mirando al cielo. No hay dolor que no se sane con agua de arriba, o con agua que viene de adentro.
No hay dolor que no se calme con la mirada de un buen amigo. Ten entonces mis palabras para que aunque sea un poquito, te acompañe el corazón. Después de todo, solo somos dos locas que tratan de comprender y arreglar el mundo...
Ya está completo de nuevo mi corazón. ¿Y el tuyo?